Supongo que en todos los retos, tanto personales como profesionales, cuando se mira atrás y se repasa todo el camino recorrido, se siente una reconfortante sensación de realización. Es una mirada madura hacia el pasado de respeto a ti mismo, en la que te reconoces tu capacidad de superar momentos que deseas no volver a vivir jamás.

Pero pronto abandonas ese escenario con la humildad de saber lo que te falta por recorrer. Ha sido difícil llegar hasta aquí; pero ahora empieza la partida de verdad; y te das cuenta que sólo estabas calentando. Un día escuche a una persona que valoro mucho explicarlo perfectamente: son unos cuantos los que llegan al último campamento del K2, pero muy pocos los que consiguen coronar cima a 8,6km. Esos últimos metros son los más difíciles y exigentes. A escasos metros de la cima es donde más gente fracasa y tira la toalla o perece en el intento.

En una empresa los problemas son cada vez mayores y requieren de soluciones más complejas. El equipo crece y la responsabilidad que asumes pesa cada vez más, tomando decisiones que toleran un menor margen de error. Te adentras en terrenos donde compites con empresas altamente eficaces y muy competitivas.

Y es entonces cuando realmente comprendes la importancia del equipo. Un grupo de profesionales que ha sabido hacer propia una visión de empresa y creer en ella; y creer en ti y comprender el rol de responsabilidad que asumes, tolerando tus defectos y reconociendo tus virtudes. En ese momento, si has sabido crear equipo y has trabajado para ser prescindible, te encuentras con un grupo de personas que se ponen a tu lado y se ponen a tirar del carro. Y vuelves la mirada a la cima de la montaña consciente de que es cuestión de tiempo.

En este momento, la estructura de la empresa se vuelve horizontal, los mercados se aplanan y los problemas se relativizan. Y para cuando te das cuenta, la perspectiva de los mismos ha cambiado y, pese a que la dificultad sigue siendo la misma, una parte de tu cerebro está ya pensando en los siguientes pasos a dar cuando hagas cima. Sin esa visión a largo plazo, una empresa carece de capitán, de visión y de futuro. Lo dificil es darse cuenta que no es el timonel el que la debe tener, sino el equipo el que la debe facilitar. Por eso la importancia de un gran equipo como factor clave de éxito para poder ver el bosque por por encima de los árboles.

Eduardo Elorriaga Bracho

CEO de Hermeneus World

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